Su caliente miembro traspasando mi esfÃnter, yo estaba que me morÃa sintiendo como su pedazo de carne se abrÃa paso entre mis nalgas y con una divina fuerza terminó de penetrarme Por razones que espero les sea obvias, no doy mi verdadero nombre, ni mayores datos. Desde hace unos cuantos años presto servicios en el cuerpo de la policÃa. Mis precauciones, quizás para algunos sean algo exageradas, pero tengan en cuenta, de que supuestamente, no hay homosexuales dentro de la policÃa. En mi caso, soy de los llamados de closet o tapaditos. Aunque en mi trabajo, siempre he procurado mantener una imagen de hombre serio, o mejor dicho de heterosexual.
Yo al igual que el resto de mis compañeros, pensamos que se trataba de una broma, por lo que le dije en tono de broma que me apuntara. Pero cuando me di cuenta que eso era en serio, inútilmente procuré renunciar a esa misión. Pero cuando el supervisor me dijo, que si renunciaba a ese caso, mi siguiente labor dentro de la policÃa, serÃa la de dirigir el transito, pero por el resto de mi vida como policÃa. Asà que finalmente acepté.
Bueno en realidad no era disfrazarme de mujer, sino hacerme pasar por un transvesti. Ya que el caso que tenÃa que investigar era uno de múltiples agresiones, realizada supuestamente por un solo individuo, pero únicamente sus vÃctimas habÃan sido los transvestis, que trabajaban como prostitutas en las calles. Lo cierto es que cuando comencé la investigación, y me tuve que vestir con ropa de mujer, cosa que ocasionalmente ya hacÃa, pero únicamente cuando estaba a solas en casa, esperando a uno de mis amiguitos Ãntimos. Pero regresando a los hechos les diré que estando en la calle vestido de mujer, debÃa dejar que otros de mis compañeros haciéndose pasar por clientes, me tocasen las nalgas, o fingieran salir conmigo en sus autos. Yo disfrutaba de todo eso, claro pero sin demostrarlo o decÃrselo a mis compañeros.
Eventualmente se atrapó al agresor, y el caso se dio por concluido, pero mi supervisor en las semanas previas a que eso finalmente sucediera, se presentó una noche, en la calle en la que yo junto a un sin número de otros trasvestis, caminaba supuestamente buscando clientes. Al verme se dirigió directamente a mÃ, expresándose como si fuera mi chulo, pidiéndome cuentas de lo que habÃa hecho durante esa noche. Yo de inmediato pensé, que eso era para consolidar mi pantalla ante el resto de putas y transvesti, por lo que le seguà la corriente.
Pero cuando ya estando frente a mÃ, sin aviso alguno me ha plantado tremendo beso, al mismo tiempo me ha dado un profundo y tremendo apretón de nalgas. Lo que me dejó entre turbado y sorprendido, pero en esos momentos, cuando lo escuché decirme en un tono de voz apenas audible, tranquilo, sÃgueme la corriente. Seguà pensando que era parte del teatro que estábamos montando. Por lo que yo continué también actuando, pero seguà sintiendo una de sus manos prácticamente entre mis nalgas, mientras que con la otra mano, me subÃa la corta falda que yo estaba usando y descaradamente me acariciaba los muslos, frente a las putas y travestis que se encontraban cerca de mÃ.
Lo cierto es que en medio de todo, el que el teniente me hiciera eso, y de la manera en que lo estaba haciendo, me comenzó agradar mucho, tanto que sin querer dejé escapar un profundo suspiro, tras otro de los agarrones que les dio a mis nalgas. Yo realmente estaba como en las nubes. El teniente, mi supervisor, es un negrote de cuerpo atlético, más alto que yo, con su cabeza completamente rapada, y con sus gruesos brazos me tenÃa sujeto contra su cuerpo.
Lo que hasta el momento en que comencé a sentir sobre mi ombligo, su grueso y duro miembro oculto bajo la tela de su pantalón, estuve pensando que todo era parte del montaje, pero al palparlo con una de mis manos, me di cuenta de que sus intenciones eran las que yo en el fondo de mi ser deseaba intensamente, en esos momentos. Cuando el teniente me dijo al oÃdo, que me agachase, detrás de su auto, supe de inmediato cuáles eran sus deseos, creo que me pude negar, pero no lo hice ya que también eran también los deseos mÃos. Asà que ante la vista de algunas de las chicas, coqueta y seductoramente me agaché, y con toda la calma del mundo, bajé la cremallera de su pantalón y como por arte de magia apareció su erecto miembro. Él que sin vergüenza alguna de mi parte, tomé entre mis dedos, y lentamente comencé a juguetear con él.
Con lo parado y duro que se encontraba su verga, no valÃa la pena perder mucho tiempo jugueteando con eso entre mis dedos, por lo que sin pensarlo mucho, lo primero que comencé hacer fue, el pasar mi lengua lentamente sobre su colorado glande. Sentir su sabor, su aroma a macho, su calor, me derritieron, y me torné goloso, por lo que después de esas primeras lamidas, introduje casi por completo su verga dentro de mi boca, lo sentÃa que me llegaba hasta mi garganta. Por lo que moviendo mi cabeza de adelante hacia atrás comencé a darle una tremenda mamada, sin pensar en las consecuencias de mis actos. Pero mientras yo se lo mamaba profundamente, mi supervisor, colocó sus manos sobre la peluca rubia que yo estaba usando, y guiando mi cabeza, continuó disfrutando de lo que yo tan sabrosamente con mi boca le hacÃa.
Una que otra puta asà como uno que otro transvesti, que se encontraban cercanos a nosotros, comenzaron a decirnos nos que nos fuéramos a un motel, que espantábamos a los clientes, que de ver un miembro como ese, de seguro se acomplejarÃan. Cuando mi teniente me indicó que lo seguirÃamos a solas, me emocioné más todavÃa, asà que cuando me ordenó secamente que me detuviera, sumisamente lo obedecÃ, y sin decir palabra lo seguÃ, hasta el asiento del auto después de que ocultó su miembro dentro de su pantalón.
Ya en el auto no me atrevà a decir una sola palabra, hasta que llegamos al motel. Donde una vez que traspasamos la puerta de la habitación, mi teniente me volvió a tomar entre sus gruesos y fuertes brazos y comenzó a besarme de manera desesperada, hasta que me dijo. Nena no sabes lo mucho que he esperado este momento, desde que te vi por primera vez. Yo no habÃa salido de mis primeros asombros, cuando escuché semejante cosa. Por mi parte reaccioné con todo el deseo de acostarme con él, y respondà a sus besos y caricias como si fuera su mujer.
Mi supervisor continuó acariciando mi cuerpo, sin quitarme la ropa, tocando mis nalgas, besándome por casi todas partes, mientras que yo me morÃa ya por sentir su miembro dentro de mÃ. Asà que lentamente le fui dando la espalda, hasta que mis nalga quedaron frente a su verga, sentà sus calientes manos, subirme la falda y posteriormente bajarme las pantis, dejando mis nalgas al aire, y bajo su total control. Sus dedos, exploraban mi esfÃnter una y otra vez, mientras su boca me mordisqueaba el cuello, todo ello produciendo en mi cuerpo, un gran placer. Pero de momento sentà su caliente miembro comenzando a traspasar mi esfÃnter, mientras que sus manos, me apretaban mis planos pechos, como si realmente fueran un buen par de tetas.
Yo estaba que me morÃa, pero de la felicidad, no estaba pensando en que él era mi supervisor, y que ambos éramos policÃas. A medida que seguÃa sintiendo como su buen pedazo de carne se abrÃa paso entre mis nalgas. Mis gemidos y profundos suspiros asà como las palabras que le fui diciendo con afeminada voz, a medida que él continuaba enterrándome todo eso, lo excitaron más todavÃa, y dejando mis pechos, me tomó por las caderas y con una divina fuerza, terminó de penetrarme. Me imagino que mis ojos casi se salen de sus orbitas, no grité. Pero de que lo sentà lo sentÃ, bien adentro de mÃ.
Por un largo rato ambos nos quedamos quietos, hasta que yo, no sé cómo ni de donde saqué las fuerzas necesarias y comencé a mover mis caderas, y a los pocos segundos él comenzó a meter y sacar casi todo su miembro de mi culo. En mi vida en muchas ocasiones me han dado por el chiquito, pero como lo hizo mi supervisor nadie, por lo que yo deseaba que no terminase nunca. A medida que él metÃa y sacaba su verga de entre mis nalgas, no dejaba de decirme lo puta que yo era, que desde que llegué a la unidad mi manera de verlo, lo tenÃa loco. Yo ignoraba todo eso hasta esos momentos, pero escuchar su ronca voz hablarme de esa manera y decirme eso, me derretÃa.
No sé cuantas tiempo permanecimos en la habitación de ese motel, pero cuando finalmente salimos, él me dejó y yo regresé a la esquina donde se supone me mantuviera, pasó un hombre con pinta de ejecutivo, y tras preguntarme cuanto cobraba, y yo responderle. Me indicó que aceptaba, y sin detenerme a pensar, me fui con él. Asà como con otros más.
Ah, al delincuente que agredÃa a mis hermanas, lo capturaron. Pero yo no he dejado de mantenerme yendo a esa esquina, solo que con el dinero extra que he ganado, discretamente estoy en un tratamiento de estrógeno, hormonas femeninas. Pienso que cuando ya mis senos sean más evidentes, quizás me den de baja en el cuerpo, pero mientras tanto mi supervisor se hace de la vista larga, con ese pequeño detalle.




mar 23 dic 2008 13:42:14 CET