Me sobra lo que a ti te falta. Me exhibo. Lo hago porque soy mi mejor tarjeta de presentación. Cada noche me pongo el traje que creo quieres que me ponga. No es un plato de buen gusto. Andaría algo más cómoda con un poco más de ropa. Pero no. Tú quieres ver más de lo que la media se atreve a mostrar. Te encanta sobre todo poder adivinar entre mi escasa ropa la diferencia. Buscas con ansia la evidencia biológica que me hace más próxima a tu sexo. Te equivocas, pero a mi eso ya no me importa. Me sobran las razones y los centímetros para saber que soy una mujer de pies a cabeza.
Me arreglo cada noche, con lo que daría yo por arreglarme de día. Me perfumo. Tú crees que lo hago para ti. Que ese perfume fuerte y penetrante lo uso para atraerte y te ríes porque crees que malgasto el tiempo porque. Detestas mi perfume. Porque es barato, porque apesta a puta. Yo también lo odio y lo uso para enmascarar el horrible hedor que dejas tú en mí.
Ya ves. Dejo que te rías de todo cuanto hago. Te dejo sentirte superior, dominando la situación. Puedes azotarme, insultarme, zarandearme, violarme y correrte sobre mí durante unos instantes. El tiempo necesario para sentirte dios. Subes tu bragueta sin mirarme para no desinflar tu ego e irte sin sentirte culpable. Por eso me pagas ¿no? Limpias con tus billetes que me alimentan tu sentimiento amoral, tu conciencia. Crees que me mantienes. Y en el fondo lo haces. Pero atrévete a preguntarte que serías tu sin mí, porque pocas veces recuerdo que me llames con un nombre de mujer, porque no soy yo quien escucha el jadeo en su nuca, porque no soy yo quien repite con la respiración entrecortada métemela más fuerte cabrón. Esas son tus palabras, no las mías.
Me recuerdas cada noche que tengo algo de lo que he de desprenderme porque acabará con la poca salud psíquica que me queda.
Me recuerdas cada noche que tengo algo de lo que no he de desprenderme porque acabaré con mi poca salud física.
Atrapada. Inmersa en una espiral social de la que soy producto y productora. Soy tan culpable como tú. Porque en el fondo de todo esto no somos tan distintos ¿verdad? Los dos odiamos nuestros trabajos y el mundo hipócrita que nos rodea. Somos iguales excepto por una salvedad: Yo si me acepto.
Yo si salgo por la vida con al cabeza bien alta, orgullosa de lo que soy. Me mantengo impune ante la crítica, ante la mirada de la gente que me atraviesa como si de cristal fuera, como si no existiera para ellos. Yo si me asumo y me acepto con mis virtudes y con mis defectos. Y a la espera de un futuro mejor lucho por sobrevivir de la mejor manera que sé, como sólo una mujer que se ha hecho a si misma es capaz.
Tu en cambio te escondes tras falsas reuniones para poderte vivir como homosexual que eres, y en el caso de ser descubierto, es mucho más fácil justificar el estar con una transexual que con un hombre.
Visto así hasta me das pena porque te falta lo que a mí me sobra: Valor.
Por Sirio. Sin condones en la lengua.




mar 21 oct 2008 13:33:54 CEST
mar 21 oct 2008 13:35:30 CEST
mar 21 oct 2008 13:36:33 CEST